Durante los últimos dos años ha habido una agresión
constante del Gobierno contra los derechos sociales, civiles y humanos. Todo
esto es debido a la nueva estructura del capitalismo desde el momento en que
se aceptó la globalización económica como la panacea
que solucionaría los problemas del mundo. Nada más lejos de
la realidad ya que aceptar la globalización de la economía suponía
ponerse en manos de las grandes corporaciones multinacionales, tanto industriales
como financieras, que han impuesto sus prácticas depredadoras, inherentes
al sistema capitalista sin control, para conseguir beneficios para los inversores
y pobreza y marginación para la mayoría de las personas que
habitamos el planeta.
Los gobiernos han sido cómplices necesarios para que esto se pueda conseguir, partiendo de unos parámetros economicistas han dejado que el capitalismo campe a sus anchas, como si el enriquecimiento de las grandes corporaciones llevase a la humanidad a una situación de bienestar supremo donde todo el mundo sacase beneficios; el resultado ha sido totalmente el contrario.
Los gobiernos han sido cómplices necesarios para que esto se pueda conseguir, partiendo de unos parámetros economicistas han dejado que el capitalismo campe a sus anchas, como si el enriquecimiento de las grandes corporaciones llevase a la humanidad a una situación de bienestar supremo donde todo el mundo sacase beneficios; el resultado ha sido totalmente el contrario.



