Hay un patio por el que pasea un grupo de personas, en el que en una de sus paredes está pintado un enorme mural del Guernika. Algunas personas hablan entre sí, otras miran al cielo como intentando descifrar un mensaje oculto en las ausentes nubes. Hay quien practica deporte o quien realiza dibujos imaginarios en el suelo. El espanto de los rostros del Guernika, contemplan la normalidad de un mundo tranquilo, en el que nadie podría sospechar que sus pobladores son hijos del mismo desgarro de las imágenes que se retuercen en el mural. Nadie podría adivinar, que este patio plácido e inquieto, ilumiado por el sol de una despejada mañana contuviese tanto dolor tras el rótulo que nos alerta de que aquello es la unidad psiquiátrica de una prisión.
Y por qué están encerradas allí aquellas personas? Algunas, cometieron crímenes atroces; otras solo empezaron a delirar, a sentirse perseguidas, y en su desesperación, se encontraron con lo que no querían.
En
el estado español, como
mínimo, un 25% de las personas encarceladas, sufren algún tipo de
trastorno mental.
Muchas de ellas, no estarían ahí, ni hubiesen llegado al estado de
desesperación si hubiese habilitado un mínimo servicio asistencial
comunitario de salud mental, de manera que un problema de salud
pública, se acaba convirtiendo en penal.


